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EL DOLOR DE HEFESTION

12 Dic

Hefestión se dirigió a través de las puertas de bronce con incrustaciones de grandes toros alados de oro que dejaban paso a las cámaras privadas del Rey.  Olfateó y estornudó, sacudiendo la cabeza y haciendo una mueca, el palacio apestaba!. El maldito incienso o por lo menos eso es lo que pensaba de él, había impregnado todos los rincones del enorme complejo.  Su humo azul se levantó lentamente formando remolinos de aire alrededor de su cabeza hasta que se sintió atrapado en sus garras fuertes y dulces. Por un momento se acordó de los tailandeses de Ptolomeo y sus ojos suaves como ciervas que de vez en cuando se inclinaban ante ellos.  Sí, él se echó a reír de sí mismo; eran bonitos y encantadores;pero no hay que caer bajo los propios sentidos, derribado por la sonrisa de un eunuco aunque esté llena de rosas y miel.  La moderación, la moderación como Aristóteles había enseñado,volvió a estornudar, el incienso hacia cosquillas en la nariz.

Es por eso milagroso que nadie se diese cuenta de su paso por la sala de entrada a los aposentos reales; quizás también pensó que si alguien le hubiese visto, no le llamaría la atención puesto que frecuentaba el dormitorio del rey bastante veces… o quizás fuese otra cosa?

Abrió el cortinaje lentamente y escuchó murmullos o quizás fuesen suspiros; entró en la gran sala adornada con cortinajes bordados en oro y donde el olor era mucho más intenso que en el pasillo. La habitación se encontraba llena de un irritante humo que le hacía casi llorar y allí en el rincón donde Alexander tenía su mesa con los planos de batalla, se encontraba su rey casi desnudo acariciando el rostro de Bagoas. La belleza de eunuco sobresalia como brillantes entre la espesa niebla que dominaba todo el recinto.

Por un momento su buen humor se evaporó tan rápido como una niebla por la mañana en el desierto y suspiró en voz baja…. ya lo sabía pensó; pero verlos era como un puñal clavado en sus entrañas.
Casi con los ojos nublados por las lágrimas, Hefestión retrocedió hasta la puerta de nuevo sin darse cuenta que su capa había movido unas jarras que estaban en el suelo. La aparición de Alexander ante él no se hizo esperar.

Trató de abrir la puerta pero el fuerte brazo de Alexander se lo impidió. Por qué le preguntaron sus ojos?….. sin poder pronunciar ni una palabra, Hefestión se vio inundado de lágrimas. Estaba visto que su mundo sería siempre un reguero de lágrimas, salvo aquellos momento que disfrutaba junto a su rey sin ser compartido por nadie más.

Alexander le tomó por el brazo y le llevó cerca de donde estaba Baboas.

Es bello le dijo… no piensas asi?

El joven eunuco comprendió lo que pasaba; Hefestión estaba celoso de sus relaciones con el joven y el se veía en un segundo plano pues no podría competir con quien desde pequeño fue adiestrado para dar solo placer a sus amos.

El rey cogio la mano de Hefestión y le hizo acariciar el suave rostro del joven, este bajo sus ojos en señal de sometimiento. La mano de Hefestión dudó la primera vez, también la segunda pero en el tercera notó como una serpiente se removía en su vientre. Algo estaba naciendo en su interior.

En el minuto siguiente sintió como el brazo del joven persa le rodeaba la cintura y eso le turbó teniendo en cuenta que estaba totalmente desnudo y no podia todavía concebir que un hombre no tuviera sus atributos.

Quizás fue el motivo por el cual se dejó caer en el lecho de Alexander y dejó que éste saciara el ardor del joven… Los gemidos inundaron toda la sala, ambos dieron vueltas de placer en la enorme cama del Rey mientras el se recogía en un rincón para no molestar.

De nuevo el dulce Hefestión se vio relegado a un sengundo plano.. de nuevo se llenaron sus ojos de lágrimas y sin poder pronunciar una sola palabra abandonó el recinto dejando a los amantes llegar hasta el zénit del placer.

Ya en el pasillo, el olor se apoderó de nuevo de sus sentidos, pero no importaba, el dolor de su pecho herido superaba todas las incomodidades que le habían traído ser el general que conquistó este extraño y peligroso país.

Mi bello y adorado macedonio,
donde podré amarte sin molestar?
Unos besos en tu boca y amor,
sobre tu cuerpo quiero dejar.

Cantos a Hefestión 

LOGANAMOUR 19/12/2010Safe Creative #1012198099734

 
1 comentario

Publicado por en 12/12/2012 en Literatura Histórica

 

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Una respuesta a “EL DOLOR DE HEFESTION

  1. chatoska

    09/17/2015 at 21:58

    Que tristeza, Porque Alejandro lo hizo presenciar eso??. Acaso no se daba cuenta que lo estaba torturando??. Pobrecito, le estaba destrozando el corazón. Mal hecho Alejandro, muy mal hecho.

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