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DARIO

02 Ene

Tmba de Dario 424-405 a.C. Naqh-i-Rustam

 

Capítulo 2 – Historia DE Alejandro

 

Pasa revista al ejército de los persas, y Caridemo, ateniense, es condenado a muerte, por haber dicho, aunque con orden de Darío, libremente su sentir.

 

(1) En el ínterin Darío, habiendo tenido noticia de la muerte de Memnón, y recibido con ella el sentimiento que merecía pérdida tan considerable, sin fiar de otro alguno sus esperanzas, resolvió mandar por si su ejército, por hallarse poco satisfecho de sus cabos, habiendo experimentado el descuido de muchos (2) y la infelicidad de todos. Formó su campo en lo llano de Babilonia, y para animar más a su gente, quiso ver juntas todas sus fuerzas, a cuyo fin, (3) siguiendo el ejemplo de Jerjes, dispuso una circunvalación que pudiese contener diez mil hombres en batalla, donde pasaron muestras sus tropas. Tardaron en entrar en este distrito, según estaban alistadas, desde que salió el sol hasta que puesto le sucedió la noche, y de él se fueron dilatando por las campañas de Mesopotamia, donde se vio una innumerable multitud de infantería y de caballería, la cual parecía aún mayor de lo que era.

 

(4) Componíase la infantería de doscientos y cincuenta mil hombres, entre quienes había setenta mil persas, cincuenta mil medos, (5) diez mil barcanos, armados de hachas de dos cortes y de abreviados escudos, casi a manera de rodelas; (6) cuarenta mil armenios e igual número de (7) dérbices, armados de picas o palos endurecidos al fuego; (8) ocho mil hombres del mar Caspio y dos mil de las regiones menos belicosas del Asia, (9) con treinta mil griegos, jóvenes valerosos todos, a quienes tenía a sueldo suyo Darío; no habiendo permitido el tiempo se juntasen los bactrianos, los sogdianos y los indios y los demás pueblos que habitan hacia el mar Rojo, cuyos nombres aún le eran desconocidos. La caballería consistía en treinta mil caballos persas, diez mil medos y dos mil barcanos, armados no de otra suerte que la infantería; siete mil armenios, casi el mismo número de los hircanos, tan buenos soldados como los puede haber en aquellos pueblos; dos mil berbices, doscientos del mar Caspio y cuatro mil que se recogieron de diversas partes, con quien hacían en todo más de sesenta mil caballos; (10) finalmente, de nada estaba menos falto que de muchedumbre de soldados; y si bien, gozoso de verla, le lisonjeaban con ella a porfía sus sátrapas la esperanza, y conforme a su natural adulación, volviéndose hacia Caridemo, ateniense, varón de gran práctica e inteligencia en la milicia, y declarado enemigo de Alejandro por haberle hecho desterrar de Atenas, le preguntó (11) si le parecían bastantes fuerzas aquellas para triunfar de su enemigo.

 

Caridemo, no midiendo su respuesta con el estado presente de su fortuna ni con el peligro que corre quien aja en algo la vanidad y soberbia de los poderosos, le dio esta:

 

“Posible es, señor, que te disguste mi verdad; (12) pero si la omito ahora, de nada servirá decírtela después. Ese soberbio aparato de guerra, ese portentoso número de hombres, con cuyas levas dejas agotado el Oriente, compuesto todo de pompa y magnificencia tal que aun la imaginación no pudo prevenir lo que la vista admira, podrá ser formidable a tus vecinos, pues todo consiste en oro y púrpura. (13) No empero el espantoso ejército de los macedones despreciando tan vana como inútil ostentación, sólo aplica su cuidadosa vigilancia a formar con destreza sus batallones, y a resguardarse lo mejor que le es posible, cubriéndose con sus escudos y picas. Su falange es un cuerpo de infantería que combate a pie firme, y se mantiene tan cerrado en sus puestos, que los hombres y las armas son como una impenetrable valla. Hallándose tan diestros y prontos a las órdenes de sus cabos, que a la menor señal los verás seguir sus banderas, guardar sus puestos, y cumplir con todos los ejercicios y empleos militares. (14) Atienden cuidadosos a lo que se les ordena, y cuando conviene volver a una y otra parte, doblar los puestos, y hacer frente a todas, lo saben ejecutar los soldados con no menor destreza que los mismos capitanes. (15) Y para que te desengañes del corto aprecio que les debe el oro y la plata, sabe que esta disciplina no la han aprendido en otra escuela que en la de la pobreza, y que se mantienen aún hoy en ella. Si les molesta el hambre, cualquier mantenimiento los satisface; si la fatiga del trabajo los rinde, en la tierra hallan su lecho, (16) sin que jamás los coja el día sino en pie. ¿Crees, por ventura, tú que la caballería de Tesalia, la de los acarnanios y la de los etolos, pueblos invencibles y fortalecidos de todo género de armas, pueden resistirse a tiros de honda y a palos endurecidos al fuego sus puntas? Son precisas para su opósito iguales fuerzas a las suyas, las cuales se han de solicitar en sus mismas tierras. Envía allá todo ese oro y esa inútil plata y las hallarás.”

 

(17) Era Darío de natural blando y moderado; pero como de ordinario la prosperidad pervierte al mejor, disgustado de la verdad, mandó llevar al suplicio a Caridemo, sin atender al celo con que aquel ingenuo varón le aconsejó lo mejor que supo y entendió, ni a la indemnidad que debía guardarle habiéndole admitido a su protección. (18) Pero Caridemo, no cediendo aún entonces de su natural libertad, con voz más entera: “Espero (le dice) que muy en breve satisfaga mi muerte al mismo contra quien te he dado tan saludable consejo, disponiéndote las penas que mereces por haberle despreciado; y que tú, en quien la soberanía y el poder ha ocasionado tan repentina mudanza, sirvas de ejemplo que acredite a la posteridad cuán inútiles son en los hombres las más excelentes prendas con que los adornó la naturaleza, cuando, ciegos a los resplandores de su fortuna, dejándose llevar de su prosperidad, se precipitan a los mayores riesgos.” Expresando esto en altas voces, le cortaron la cabeza los que tenían la orden. (19) De lo cual, aunque tarde, se arrepintió el rey; y reconociendo ser verdad lo que le había dicho, le mandó dar sepultura.

 

 
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Publicado por en 01/02/2012 en Literatura Histórica

 

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