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ALEXANDER EL CONQUISTADOR

21 Dic

 

Alejandro de Macedonia dejaba pasmados a sus contemporáneos y descendientes por sus proezas. La gran potencia que él había creado dio origen a la civilización helénica. Las conquistas de Alejandro el Grande dejaron su rastro también en la historia de la culinaria. Así Europa conoció muchas frutas,  hasta entonces inéditas. Por ejemplo, en curso de sus expediciones bélicas Alejandro trajo desde Oriente a Grecia e Italia albaricoques. De la India llegó a la zona del Mar Mediterráneo el sidrero. Los primeros europeos que conocieron los plátanos habrían sido los guerreros del ejército de Alejandro de Macedonia, que descubrieron esta fruta extravagante durante su campaña india en el año 327 antes de nuestra era. 

Según los autores antiguos, el emperador se destacaba en su juventud por extrema frugalidad en la comida. He aquí un ejemplo que cita el Plutarco: la reina Ada,  llamada por Alejandro “madre” y designada por él gobernadora de  Karia en Asia Menor, le enviaba cada día,  como signo de amor,  exquisitos yantares y bizcochos, al terminar por  comisionarle a sus propios cocineros y panaderos más expertos. En cambio,  Alejandro le mandó decir a Ada que no necesitaba nada y a nadie, puesto que sus educador Leónidas ya le había ofrecido  sus mejores cocineros: para desayuno, una marcha nocturna, y para la comida, un parco desayuno. 

Alejandro solía iniciar su jornada haciendo sacrificios a los dioses y, a continuación, se sentaba a desayunar. Durante las paradas nocturnas, el rey se ponía a comer , tratando con asombrosa atención a sus compañeros de mesa. A la vez,  era indiferente a las golosinas y todo tipo de  exquisiteces. 

Entre tanto, las comidas ofrecidas por Alejandro siempre eran abundantes y los gastos iban creciendo a la par con sus éxitos. Debido a este apego a los festines, Alejandro conquistó la fama de ser adicto al vino. Sin embargo, según los historiadores clásicos, el rey hablaba más que bebía y acompañaba cada copa con un largo discurso. Es más, se entregaba a los festines sólo cuando tenía mucho tiempo libre. 

Es cierto que Alejandro de Macedonia no siempre era  moderado con respecto al vino. Durante un festín del monarca, su amigo y filósofo Anaxark, levantó la copa  y dijo que hasta un Dios podría morir al apurarla, insinuando que la falta de abstinencia de Alejandro,  pese a todas las pretensiones al origen divino, perjudicaba su salud. 

La fanfarronería del rey, sentado a la mesa festiva, se ponía pesada. No sólo él mismo se reventaba de jactancia sino devoraba con ansiedad  palabras de los lisonjeros. Durante una fiesta el rey se malquistó con su antiguo amigo Klit y le echó una manzana… Pese a que los dos amigos fueron separados, la fiesta culminó con tragedia: Alejandro le clavó una jabalina en su amiguete. 

Según una leyenda, en la ciudad persa invadida de Percepol, después de una fiesta de varios días seguidos, cuando una borrachera seguía tras otra,  Alejandro y sus amigos embriagados e  instigados por la hetera Taiz de Atenas, prendieron fuego al palacio de los reyes de Persia.

 

 

 
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Publicado por en 12/21/2011 en Literatura Histórica

 

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