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ALEXANDER: EL DIOS Y CONQUISTADOR

06 Dic

La divinización y la orientalizaríon de Alejandro son dos de los aspectos más controvertidos de una política que se desarrolla especialmente a partir de 330. Ciertamente durante su vida se desplegó un ceremonial y una propaganda que tendieron a situar a Alejandro por encima de la realeza acostumbrada en el mundo griego pero no se desarrolló un culto divino. Quizá Alejandro pretendiera situarse en un estadio intermedio, como el héroe que se encontraba entre los mortales y los dioses y no llegara a culminar en vida su proceso de divinización. Alejandro se enfrentó también a la tarea de controlar un imperio desmesurado para lo que necesitaba la colaboración y aceptación de sus nuevos súbditos. Como no bastaba con presentarse como rey de Macedonia, pensó en mostrarse como sucesor de los aqueménides, adoptó la tiara y el ceremonial persas, en particular la proskynesis. Dentro de esta línea de actuación comenzó desde 328/7 a reclutar orientales y trató de ganarse a la aristocracia irania, manteniendo a muchos sátrapas en sus cargos y casándose con Roxana, hija de Oxiartes, un noble sogdiano. Llegó a imponer una política de unión entre persas y macedonios que culminó en las Bodas de Susa (324), donde hizo contraer matrimonio a muchas parejas mixtas; él mismo se casó con Estatira y Parisites, hijas de Darío III y Artajerjes III respectivamente. Semejante actuación provocó fuertes resistencias entre los macedonios y griegos y Alejandro se hizo cada vez más inflexible con los que se le oponían.

 

Alejandro murió en Babilonia en junio de 323 víctima sin duda de la tensión y el cansancio acumulado en trece años de incesante batallar, de dramáticas marchas a través de espacios casi infinitos, de pesadas responsabilidades y también del abuso de la bebida y de una crisis final de paludismo. Su figura ha suscitado juicios encontrados: ha sido presentado alternativamente como el vengador de los griegos, el rey de los macedonios vinculado estrechamente a su pueblo, el conquistador cruel que impone férreamente su voluntad o el constructor de un imperio universal que uniera y permitiera vivir en concordia a todos los pueblos. Frío y calculador, generoso y cruel, genial general, político extraordinario, Alejandro representa, quizá llevadas a sus extremos confines, las contradicciones que encierra el alma humana. Por eso mismo su personalidad permanece tan inaprensible como nosotros a nosotros mismos. Si bien es cierto que su figura no ha despertado unánime admiración, la trascendencia de su obra difícilmente puede ser puesta en cuestión. La prodigiosa aventura de Alejandro (y de cuantos con él fueron al Asia) cambió radicalmente el mundo de su tiempo y abrió una nueva etapa histórica que llamamos mundo helenístico.

 

 
2 comentarios

Publicado por en 12/06/2011 en Literatura Histórica

 

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2 Respuestas a “ALEXANDER: EL DIOS Y CONQUISTADOR

  1. sheina Leoni

    12/06/2011 at 21:42

    Un apersonaidad extrordinaria, un adelantado para su épocaªª

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  2. Kaylee Pulesandero

    01/01/2012 at 5:06

    los escitas fueron vencidos por Alejandro Magno y desaparecieron de la historia de forma enigmática.

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