RSS

Del libro “La juventud de Alejandro”, de Roger Peyrefitte

21 Jun

Del libro “La juventud de Alejandro”, de Roger
Peyrefitte

Quise agregar este narración porque cuando lo leí me
conmovió hasta la última fibra de mi ser y lo seguiré leyendo una y otra vez.
Para los que ya lo leyeron reléanlo y para los que no, disfrútenlo porque es
maravilloso.

No te rías si me muestro poético ya que tú eres mi poesía.
Tan solo tenía trece años cuando escribí este relato, “en la blanda cera
de las abejas”.

Una noche de julio, en Mieza, salí desnudo de mi habitación,
con el corazón palpitante. Apenas si tocaban, mis pies, el suelo del pasillo.
Me dirigía a la habitación de Alejandro. Había hecho el triple juramento -por
Júpiter, por la Tierra, y por el Sol- de revelarle, hoy, que moriría si él no
me quería.

Tenía más de un motivo para estar preocupado, ya que temía
que me tomase por un afeminado y perder así su amistad al intentar conseguir su
amor.

Además, ¿qué era el amor? No teníamos ni idea, ni él ni yo,
del tema. Cuando nuestras primeras emisiones nocturnas nos sorprendieron, el
grave Leónidas nos explicó que eran fruto de los juegos de un dios muy secreto
y muy malicioso, llamado Gamus, nacido del semen que Júpiter, soberano del
Olimpo, había derramado sobre la tierra durante un sueño que el dios Amor le
había provocado.

Luego descubrimos, cada uno por nuestra cuenta, el modo de
provocar, con nuestras manos, los mismos efectos que nos producían los sueños,
sin tener la idea, aún, de hacerlo juntos. Leónidas, a quién se lo contamos,
nos relató entonces la historia de Mercurio y de su hijo Pan, al que le enseño
este juego.

Por otra parte, nos había aconsejado no abusar de ello
citándonos los versos de Aristófanes: “A los que se masturban demasiado,
se les cae la piel”….Un mes antes, había estado a punto de declararme a Alejandro:
tenía un dolor de muelas y Filipo de Arcanania le había prescrito untarse las
encías con aceite de beleño. Yo se la aplicaba con un bastoncillo rodeado de
lana. Tan cerca de sus labios y respirando su aliento, ardía en deseos de
besarlos. El pudor y el temor me detuvieron.

Invocando de nuevo la Tierra, Júpiter, el Sol y también la
Luna, tiré de la cuerda que accionaba el cerrojo de la puerta. Temblaba sólo al
pensar que los pernos podían chirriar…

No me atrevía a empujar la puerta. Alejandro no la cerraba
nunca con llave, por dentro… sin embargo, yo había robado una copia de la
llave por si lo hubiera hecho. En cualquier caso, introducirme, de noche y de
esta forma, en su habitación no dejaba de ser un acto muy grave. Nos habíamos
educado juntos desde nuestra infancia, pero él seguía siendo mi príncipe. Me
tome unos minutos más para pensar.

Por la ventana del pasillo, contemplaba la luminosa noche y murmuraba:
” ¡O sagrada noche!” Pero ningún grito de ave nocturna me contestaba
para servirme de augurio.

El tema que Aristóteles había tratado, ese día, había
producido en mi espíritu cierta excitación, no exenta de prudencia.

Demetrio, el mayor de nosotros, le había pedido que nos
explicara lo que debíamos pensar de esta frase de “El banquete” de Platón:
“No puedo decir que exista mayor riqueza, para un adolescente, que tener a
un buen amante y, para un amante, que tener a un joven amado”…Abrí con
precaución la puerta de Alejandro, pero mi corazón saltaba al franquear su
umbral y al volver a cerrarla detrás de mí. Ahora ya estaba preso de mi
victoria o de mi derrota, de mi gloria o de mi deshonra..

Le daba las gracias a la Luna, cuya luz bañaba la habitación
y el rostro de Alejandro dormido. Me pareció la luna que estaba enamorada de
él, como lo fue del bello Endimión, y como yo lo estaba….Colgué en su sitio
la copia de la llave. Todavía estaba a tiempo de salir sin hacer ruido, de
seguir siendo el compañero de Alejandro, en vez de arriesgarme a ser desterrado
por pretender conseguir su amor.

Pero un perfume que conocía muy bien flotaba en el aire: era
el de Alejandro, este perfume tan peculiar de su piel que huele a violetas. Me
acerqué, subí los peldaños que llevaban a su lecho. Ahora, sentía su aliento en
mi cara, y contemplaba sólo su rostro a pesar de que estaba descubierto y
totalmente desnudo, como yo.

De repente, mis ojos se abrieron como platos: en el centro de
su cuerpo, Príapo estaba erecto. El mío lo estuvo también, inmediatamente. Mi
mano estaba a punto de cogérselo cuando Alejandro se despertó. Se sobresaltó,
asustado, pero me reconoció y me sonrió.

Yo no sabía si me sonreía a mí, o si le sonreía al dios que
tensaba nuestros nervios. Me precipité en sus brazos, llorando, cubriéndolo de
besos… a pesar de su sorpresa, él no se quejaba. Casi por instinto, nos
presionábamos el uno contra el otro. Príapo luchaba contra Príapo y su doble
victoria fue rápida.

********************************

 
2 comentarios

Publicado por en 06/21/2011 en Literatura Histórica

 

Etiquetas: ,

2 Respuestas a “Del libro “La juventud de Alejandro”, de Roger Peyrefitte

  1. tamara

    12/20/2012 at 13:32

    hola. ando loquisima buscando este libro, y no lo encuentro, me podrias ayudar?

    Me gusta

     
  2. evan gantley

    09/29/2014 at 10:13

    peyrefitte me a enamorado con su forma de escribir . me encantaria saber si puedo conseguir este libro en version digital … le ruego su contestacion .

    Me gusta

     

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s