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A PLENO SOL CON HEFESTION

10 Jun

Sumiso general que doblegas tus deseos ante la tropa que curiosamente te mira; algún gesto equivocado y todos hablaran miserables palabras de ti. Te doblegas ante la presencia de quienes pueden quitarte lo que más deseas.   Dejas el grueso del pelotón y vuelves a la tienda del campamento.

La luz tenue de las lámparas de aceite hace que el ambiente deje el calor asfixiante  del desierto para proteger con luces y sombras tu cuerpo ya despojado de las armaduras de oro. Te dejas caer sobre el lecho cubierto con sedas traídas de oriente como precio de una sumisión.

Suspiras y en ese suspiro notas que el aire te es devuelto, algo hace de pantalla entre el espacio y tú. Abres esos ojos azules que son capaces de tornar celoso al  mar y mira como la mujer que ha sido diosa ahora viene en busca de ti.

Hefestión tiembla ante la aventura, sabe cómo ella actua,    sabe lo que es capaz de hacer y se deja hundir en la almohada, cercanos los labios, aliento de flores y ese perfume tan especial.

Busca su lengua la tuya, abres más la boca y te excita pensar que esos mismos labios en los de Alexander han estado pero que ahora buscan algo más.

Gimes de placer cuando tu cuerpo es acariciado con manos de seda, cuerpo de terciopelo ondulado que se enrosca en el tuyo como una serpiente, capaz de darte muerte en ese abrazo prolongado.

Hefestion en ansia pura, musita algunas palabras y la mujer acerca su cara a la boca para escuchar el ruego o la oración que musita el general.

Lanzas los brazos al aire cuando dices:” Quiero Mas”….

Ella lo entiende y convertida ahora en el Rey de Macedonia, toma a su general y le envuelve, le doblega, le amansa, le hace sumiso, le posee, le penetra y Hefestión gime, llora, grita y al final cae rendido ante la evidencia.

Ríos de manjar liquido blanco, purpurinas que sobre la seda flota, manos que acarician la piel morena de quien en batallas dio su coraje. Ahora como una damisela se protege en los brazos de la diosa. Por sus mejillas dos lágrimas caen, se aplasta sobre los pechos de la diosa y allí trata de sorber un poco de su valentía.

Es tan hermoso ¡piensa la mujer; tan hermoso que su rostro soy capaz de grabar en fuego en mis sueños…

El sol brilla, calor sobre el desierto, la tropa vuelve, su Emperador con ellos. Mira hacia la tienda de Hefestión, ella sale en ese momento. La ira domina sus ojos pero algo le dice que la mujer le ha sustituido para poder lograr lo que anhela. Ha ganado una nueva batalla.

 

DAMADENEGRO 10/6/2011

 
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Publicado por en 06/10/2011 en Literatura Histórica

 

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