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Aléxandros, Las Arenas De Amón (Valerio Massimo Manfredi)

13 May

 

En Las arenas de Amón, el joven conquistador Alejandro extiende sus dominios con la fuerza de un ejército, con la Falange como su guardia privada que con Bucéfalo como corcel del líder, derrota al emperador Darío, para situarse como el máximo dirigente de la antigüedad.

En estas páginas desfilan sus amigos como Hefestión, y el grito de guerra de Tolomeo en los feroces ataques a sus acérrimos enemigos, así como las traiciones, los desaguisados, los temores, y la gloria del hombre que dominó esa época de gloria de la gran Macedonia que diera lugar posterior a la Roma imperial. Encaja muy bien en la profética imagen de los imperios del libro de Daniel, que refleja la historia mundial.

Su visita a Egipto, entre misteriosas señales inmersas en lo desconocido de ese desierto poblado de fantasmas, revela a Alejandro su destino inmortal, mientras Diógenes camina con lo etéreo, mostrándole la sencillez de un filósofo que se contenta con que el poderoso conquistador no le tape el sol que le es suficiente en medio de las privaciones que supondría para cualquiera vivir con lo mínimo.

Las escenas que pueblan esta novela, la revisten de hermosura, de profundidad y no se ciñe al estilo de la novela histórica, si no que su forma novelada la llena de atractivo, de fácil lectura y de un entretenimiento culto.

Alejandro debe reinar ya sin la influencia de su padre, pactar con reyes que el mismo Filipo rechazó, y construirse un nombre por su propia mano, ya sin la estrategia de un niño, mostrando por qué es el hijo del viento.

Este segundo volumen de la trilogía que llevó al filólogo clásico y profesor de arqueología y geografía del mundo antiguo, a la privilegiada posición de los primeros lugares de la literatura mundial.

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Bernard Sergent

La homosexualidad en la mitología griega

 

La relación homosexualidad/heterosexualidad en la Grecia antigua presenta una diferencia radical respecto de nuestra sociedad. En Grecia la homosexualidad, lejos de estar condenada o marginada, era una práctica de los medios civiles más selectos. Los motivos de esta valoración deben buscarse en el simbolismo de la sociedad helénica, y particularmente en sus mitos. Efectivamente, los referentes a la pederastia son numerosos, y se multiplicaron con la generalización de la homosexualidad fuera de sus marcos institucionales originales. El estudio de los más antiguos de entre estos mitos revela, de modo absolutamente general, una estructura que muestra el sentido de esta institución original: el hombre sexualmente activo, el erasta, es siempre un maestro, divino o heroico. A él está ligado un hombre joven sexualmente pasivo, el erómeno, que es siempre un adolescente impúber; su sujeción sexual termina, precisamente, con la aparición de la pubertad y la aptitud para el matrimonio. Así pues, en la sociedad griega la homosexualidad tiene un origen iniciático cuya prehistoria puede discernirse en las prácticas y concepciones de las pruebas de iniciación de los jóvenes en los pueblos indoeuropeos primitivos.

 
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Publicado por en 05/13/2011 en Literatura Histórica

 

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