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LOS GUERREROS

03 Abr

En las flores silvestres de verano se estremece aún;

 es el  sueño de gloria de los guerreros.

El escultor no hace más que llamar,

con el cincel y a golpe de martillo, a los guerreros

que duermen en las espesuras del mármol.

 

Buenos  guerreros hacen que los adversarios vengan a ellos,

 y de ningún modo se dejan atraer fuera de su fortaleza.

 

Los guerreros más augustos ya son sombras

Bajo la sombra del viejo encinar.

Cárdena crepita la noche.

Latigazos, ladridos, remotos rayos.

Chirrían las cornejas en el pozo ciego.

Guiarán al manso corcel de hielo.

La tormenta. El sol verde de aguas negras.

No me conozco. Es un lago el pecho muerto.

Baje de oro, cadalso prieto del día.

Mi cuerpo, como la cuerda de un arco.

Ya labora el invierno.

Las cortinas, teatro del mar.

Se enmascara tras las nieblas densas.

Arquero negro, detén tu paso.

Petrifícate el arquero de azabache.

La saeta conoce el derrotero.

Palmo a palmo mensuramos la fosa.

Fango y hojas nos daban la yacija.

Arde y arde el guante de oro del barquero.

La laguna, de nieve y azafrán.

No pensabas que fuera así de blanca.

Ahora vienen las huestes. Cielo allá,

las huestes vienen. Verdor de la encina

en los ojos vacíos, de cal llenos.

 
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Publicado por en 04/03/2011 en Literatura Histórica

 

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