RSS

BAJO EL OLIVO (ALEXANDER & HEFESTION)

06 Ene

Era una tarde calurosa a principios de septiembre, Alexandrer salió de la tienda de su padre e instintivamente se preguntó dónde estaba Hefestión. Nadie lo sabía y su tienda estaba vacía cuando fue a buscarlo. Uno de sus caballos no estaba y su ayudante le señaló la dirección que había tomado.

Alexander conocía cada caballo de Hefestión, así como los suyos propios y era fácil reconocer a la yegua castaña atada a la sombra de una casa de campo a pocos kilómetros de allí. La batalla había terminado hacía un mes y el ejército macedonio estaba descansando, observando y esperando, mientras que el victorioso Filipo negociaba con las ciudades-estado griegas ya vencidas.

Alexander ató su caballo negro junto al lado de la yegua; el dueño fue a sacar un cubo de agua para los caballos, mientras que Alexander, le dijo unas palabras de  y una moneda de plata. Hecho ésto subió por el valle detrás de la casa, en busca de Hefestión.

Alexander lo encontró tirado bajo la sombra de un viejo árbol de olivo.Hefestión no había levantado la cabeza aún sintiendo el sonido de las sandalias de Alexander y este pensó que debía estar dormido. No estaba dormido, ni sorprendido por la aparición de Alexander. Alzó los ojos y sonrió en señal de bienvenida.

Hefestión estaba desnudo debido al calor, su espada a su lado y su mano sobre la empuñadura. Tenía una tina de agua y una liebre muerta colgando del olivo. Parecía un joven dios esperando a que alguna deidad del Olimpo se arrodillara y le adorara.

Alexander se dejó caer de rodillas junto a Hefestión. Su padre había dicho barbaridades de su amigo y le habían herido su corazón. Mirándolo se acostó al lado. Uno era Dionisio con sus ojos oscuros, el otro era Adoni con sus ojos azules.

Un beso por tus pensamientos, dijo Alexander,poniendo su brazo sobre el pecho de Hefestión.

Hefestión le sonrió con un suave brillo en sus ojos. -Yo estaba pensando en ti-.

Alexander le dio un beso, un casto beso en los labios cálidos.-Y yo-.

-Estaba pensando en lo que has hecho tú-.

-Yo?-, dijo Alexander una risa forzada.

-Sí-, dijo Hefestión; sus pensamientos vagaban por algún camino desconocido para Alexander. Estaba pensando que un dios debía haber estado presente en su nacimiento y habría sido bendecido por la belleza y el coraje.

-Estás medio dormido y lleno de sueños-.

-No, fue un presagio, Alexander, yo estaba pensando en la victoria en Queronea y apareciste con una corona de fuego-.

-Filipo obtuvo una victoria-.

-Su victoria, eligió el momento adecuado para cargar. Tu le diste a Filipo la victoria-.

-No era eso, el es el rey-, dijo Alexander, en voz baja.

-Sin duda, una corona de fuego dorado debe significar algo, Alexander-.

-Con los ojos llenos de fe, Hefestión vio la esperanza y el temor en la cara de Alexander-.

-Tal vez significa que obtendrás tus sueños, vas va a alcanzar la gloria eterna y la fama inmortal. Los dioses deben haber aprobado la victoria, por esa razón te he visto con la corona de fuego-.

-No estoy equivocado-, dijo Hefestión, con la inocencia de una fe incuestionable.-Pero creo que tu madre debe estar en lo cierto, dijo con su voz llena de calma. Filipo puede ser el padre de tu cuerpo, pero un dios sin duda debe ser el padre de tu espíritu-.

-¡Cállate!-, dijo Alexander, golpeando el puño sobre el pecho de Hefestión. Hefestión parpadeó y no se atrevió a moverse.

Alexander miró a Hefestión, la confusión y la ira congestionaron el rostro.

-Lo estás haciendo para molestarme-, acusó a Hefestión.

Y después puso su cabeza sobre su pecho.

Hefestión esperó un momento, mirandole a la parte posterior de la cabeza y sin atreverse a tocar el pelo rebelde. -Atalo?-. -preguntó en voz baja.

-Sí. Él dice que tu eres una mala influencia para mí-, dijo Alexander poniendo sus labios sobre la piel dorada por el sol de Hefestión. -Él dice que tu y mis otros amigos me hacen pensar que soy el mejor a mis años. Mejor que mis mayores. Pero dice que tu eres el peor de todos, porque no sabe cual es la verdad y las mentiras-.

Hefestión se quedó en silencio, y Alexander apretó los labios contra el pecho de su amigo.Puso su mano en el estómago de Hefestión y sintió la respiración. Le acarició con la mano por el vientre y sintió el temblor de sus piernas.

Alexander quitó la mano. Por mucho que quería olvidar sus pensamientos en el sexo, no podía hacerlo y pensaba que Hefestión no merecía ser usado para eso solamente.Y hacía demasiado calor.

Levantó la cabeza y vio en los ojos de su amigo cierto malestar.

-¿Soy un mentiroso-, Hefestión preguntó en voz baja.

No, dijo Alexander, eres la persona más honesta que conozco. Siempre me dice la verdad cuando me equivoco. Los otros tratan de mentirme, pero tu no eres así. Alexander lo dijo con voz ahogada, no siempre se puede ver la diferencia entre la verdad y los sueños.”

No puedo?, Hefestión dijo en voz baja.

-No-, dijo Alexander, aumentando la pasión de su voz. -Quieres tanto que las cosas sean gloriosas, ser noble para que haya Aquiles  en el mundo y que te olvides de que Agamenón y Tersites están en el mundo también”.

-No lo volveré a hacer-, dijo Hefestión, agrandando sus enormes ojos y con voz tensa.

-Sí, lo harás-, dijo Alexander, súplicando con los ojos y con su voz. -Necesito ver lo bueno que hay en la gente cuando todo lo que puedo ver son enemigos-. -Te necesito para seguir soñando, Hefestión-.

Hefestión apretó los labios. Tragó saliva.-Tú nunca perderás tus sueños de gloria, Alexander. Ellos forman parte de ti-.

-No, pero si tu no estás a mi lado-.

Hefestión evitó los ojos de Alejandro y notó como una lágrima cae de sus ojos y corre por la sien.

Alejandro, como cualquier enamorado, se limpió con su dedo. Los sueños de Hefestión, el mundo de los héroes y los dioses, significaba más para él que la realidad.

Alexander observó  como Hefestión con sus párpados cerrados, luchaba para ocultar su angustia.

-¿Sabes lo que Aristóteles me dijo una vez?-.

-No-.

-Me dijo que si quería a Aquiles como rival, debo de tenerlo cerca de mí. Dijo que en Patroclo había un corazón bueno. También dijo que soñaba con las estrellas y soñaba con la tierra y que juntos íbamos a celebrar todo ésto, pero creo que estaba un poco poético cuando dijo eso-.

Hefestión, sonrió a medias, se limpió los ojos con la palma de su mano. Dijo: -Alexander, ahora son halagos. Pronto serán mentiras-.

-Sí, pero funcionó, ¿verdad?-. Dijo con una sonrisa salvaje y se acostó sobre su espalda, -Tu eres totalmente mío-.

Hefestión estaba tranquilo, mirando el gris y el verde de las hojas de olivo que se encrespa con el calor, con cierta la confusión en su corazón. Quiso abrazarle pero Alexander quedo inmóvil y su mano fue hacia el pecho de Hefestión.

-Un rato a solas?-

Hefestión evitó los ojos de Alejandro con un atisbo de culpabilidad.

Alexander vio la inquietud a través de los ojos de Hefestión. Un destello de lo que parecía miedo.

-Qué ocurre-.

-Nada-.

-No me digas esas tonterías-, dijo Alexander de forma militar

-Atalo me ha tocado íntimamente. Es por eso que se me cayó al agua,y Filipo me gritó-.

Alexander resopló de ira. -Necesita un hombre para mostrar el resultado de la fuerza, pero apuesto que la ambición es un buen sustituto para la pasión- eso fue lo que dijo Atalo.

-Alexander-, dijo Hefestión con la voz de un niño. -Es mi problema, no el tuyo-.

Alexander cerró los ojos y exhaló, dispuesto a dejarlo ir, pero la sonrisa Atalo se quedó fija en su mente. Filipohabía dicho a Atalo tomando un trago de su copa de vino -Hefestión es un buen muchacho, demasiado bueno para actividades amatorias contigo o comnigo-.

-¿Qué pasa con vosotros, Alexander, te puedo mostrar lo que un hombre puede hacer ya lo había dicho-.

-Alexander, siéntate!-, gritó el rey. -Atalo estás borracho y ni se te ocurra insultar a mi hijo y menos su virilidad-.

-Oh, mil disculpas-, contestó Atalo. -No hay que insultar al gran Alexander y sus secuaces amigos. No después de que nos rescató a todos en Queronea. Alejandro Rey, Filipo, su general- Estaba tan borracho que resbaló al salir.

-Alexander-, dijo a Filipo cogiendo del brazo de su hijo. -Vamos a ir, que es el está borracho. Tengo que hablar contigo.-

Filipo miró con furia a su hijo. Durante un momento no dijo nada, sólo miró a Alexander con los dientes apretados. -¿Sabes qué?-. -Tengo en mente a tu primo Amintas mi heredero-.

-No se atrevería. Sabes que sería una guerra civil-.

-¿No? Entonces tal vez voy a conseguirme un hijo de la sobrina de Atalo para que lo reemplace. Cleopatra está embarazada!-

– algo que yo no lo sé!. La voz de Alejandro se volvió fuego.

-¡Oh, su preciosa madre, ¿No la convierten en una candidata adecuada para un rey?-.

-El ejército no lo aceptaría- dijo Alexander en voz baja.

¿No? Pero el dinero puede hacer mucho-.

Alexander había mirado a su padre, conmovido, y sabiendo que si llegaría mas lejos, Filipo le habría detenido. Se había vuelto y se fue de la tienda del rey sin decir una palabra.

Hefestión dijo con ansiedad.-Alexander has estado olvidándote de mi, dejándome sólo con las cigarras y el calor por la compañía-.

Alexander buscó su mirada y se concentró en los ojos azules de Hefestión. Atalo dijo -Ahora va a lamer mejor-.

Alexander se estremeció y se puso boca arriba. Él levantó la vista hacia las ramas de olivo sin ver, con la boca cerrada.

-Alexander, ¿qué es?- Hefestión preguntó, rodando sobre su costado para mirarle la cara de con preocupación.

-Alexander agarró los hombros de Hefestión con fuerza. -Hefestión, prométeme algo-, dijo, con voz tan fuerte como sus manos. Se levantó y Hefestión rodó sobre su espalda.-Prométeme que tendrás cuidado con Atalo. Prométeme que no te dejaras seducir. Permanece cerca de personas que conozca y confía. Prométemelo.-

-Te lo prometo-.Los ojos de Hefestión afirmaron estas mismas palabras.

-Alexander, no hace falta que me protejas-, dijo. -Sé que piensas que soy un tonto inocente, pero yo sé por qué su padre no me mira a los ojos, por qué no me habla, excepto cuando grita-. -Yo sé que él y sus amigos hablar de mí a mis espaldas y especialmente cuando están ebrios. sé que piensan que soy tu marioneta y tu juguete-.

Alexander apretó los labios para dejar de temblar.-No creo que estés seguro en ningún sitio; tratarán de hacerte daño para hacérmelo a mi también-, dijo.

– Alguien está celoso-, dijo Alexander con sus ojos oscuros, no dudaba de que Hefestión sabía a quién se refería. -Él está celoso de mí por tu culpa, porque somos jóvenes, porque somos hermosos, porque tenemos esperanzas y sueños que se han olvidado hace mucho tiempo.. Él cree que es inmortal. Pero tiene miedo que alguien-le eclipsara su memoria y lo olvidara.-

Hefestión se quedó muy quieto. – Piensas que quiere otro hijo?-

Alexader le miró a los ojos. -Cleopatra está embarazada-.

Hefestión contuvo la respiración. -Lo Sabe tu madre?-.

-Sí. Ella me escribió-.

Hefestión respiró. -Amintas está muy celoso de ti, Alexander. Desde que volvimos de Atenas, su cara es como una nube de tormenta cada vez que pasa por ahí-.

Alexander ladeó la cabeza, escuchando.

-Los hijos de Aeropus. Tal vez. No estoy seguro-.

-Pero no Atalo?-

Hefestión negó con la cabeza.-No, él es un rival-.

De repente, se sintió reposado, Alexander se echó en el pecho de Hefestión, su corazón latía en su oído. Se frotó una mano cariñosamente por el pecho de Hefestión. -Cuéntame una historia, insistió.

-No seas estúpido-, murmuró Alexander.

Hefestión abrió los ojos mientras trataba de pensar en algo, la mirada fija en el olivo para concentrarse. -El labrador me dijo que muchos de los olivos de este valle tienen más de mil años de antigüedad. Dijo que hay una leyenda que Quirón los había traído aquí-

-Están un poco lejos de Tesalia-.

-Estaban persiguiendo a un jabalí gigante que trajeron a la bahía en la zona de las rocas. No hay nada que ver allí, pero hicieron un campamento bajo algunos de los olivos. Aquiles podría haber estado sentado bajo este árbol Alexander-.

Le dijo el granjero que había ocurrido de verdad?-.Preguntó Alexander con voz apagada. Hefestión parecía un poco avergonzado-. -Le dije mi nombre-.

-Él sabía quién eras y acaba de cambiar los nombres de la leyenda local-.

Alexander pudo ver la decepción en el rostro de Hefestión. -Dioses, lo siento, frotándose el hombro con Hefestión-.-Un buen rey debe compartir sus sueños con los hombres, sin romper con ellos-.

-¡Oh, cállate-, dijo Hefestión. -Tu te tomas demasiado en serio todo-.

Alexander se echó a reír, una risa espontánea. -No me dejes nunca, criatura irreverente-.

-Sólo si los dioses me dice que lo haga- replicó Hefestión pero lo suavizó con una sonrisa y le puso una mano sobre su cabello.

Alexander le devolvió la sonrisa medio dormido y cerró los ojos.

Se quedaron allí en silencio por un tiempo, el calor hacia dormitar, Hefestión tarareó una melodía y Alexander la recordó que su adormecida mente. Sin embargo, se dio cuenta de que Hefestión se había vuelto muy tranquilo y quieto.

-Alexander-, dijo Hefestión con voz baja.-Creo que debemos salir de aquí ahora. Hay espíritus alrededor y están enojados-.

Alejandro, medio dormido y sudando, levantó la cabeza y miró a su alrededor como si pudiera ver a un enemigo. . Hefestión sintió frío cuando miró al olivo. -Vi una cara-, susurró.

Un escalofrío repentino corrió a través de las hojas, aunque ninguno de ellos sentía ninguna brisa.

Ambos se apresuraron a levantarse, Alexander recogió las sandalias de Hefestión y el agua.Se sentaron bajo la sombra de otro olivo.

-Tal vez me lo imaginaba. Pero creo que había más de uno-, susurró.

-La liebre-“, dijo Alexander.

-Deja-, dijo Hefestión. Como una ofrenda de paz-.

-Eres un cabrón- dijo Alexander de pronto, sonriendo a Hefestión. -Lo has hecho a propósito, ¿no? era probablemente sólo una marta más que una liebre-.

-No- dijo Hefestión, tratando de parecer indignado con media sonrisa. -Honestamente no me había dado cuenta que era una marta, pero pensé que era mejor dejar la liebre como una ofrenda a Atenea de todos modos.-

Comenzaron a caminar de vuelta, Hefestión llevaba su tunica alrededor del cuello. Una vez que se puso sus sandalias y que ambos habían bebido un poco de agua, Alexander dijo con tristeza: -¿Sabes lo que va a pasar cuando lleguemos a Pella en la primavera, ¿no?-

-No, ¿qué?-

-Mi madre va a comenzar a regañarme para que me case y tenga un hijo para que coincida con el niño de Cleopatra-.

-Podría ser una niña-“, dijo Hefestión esperanzado.Y Filipo no le permitirá casarse con cualquiera. Tu probablemente tendrás que casarse con una princesa extranjera que nunca has visto antes-.

-Me voy a casar con quien quiera, no con quien otra persona desee-, dijo Alexandermirando sus pies y haciendo remolinos en el polvo mientras caminaban.

Hefestión sabía que no debía discutir con Alexander cuando usó ese tono de voz.

-Cuando seas el Gran Rey de Persia-, dijo alegremente, -tendrás un harén con cientos de mujeres, las más bellas del mundo. Una diferente para cada noche del año-.

-Lo puedo tener-.

-Voy a rescatar a una bella princesa de una fortaleza en las montañaa, donde está siendo cruelmente encarcelada, y ella caerá perdidamente enamorada de mí. Vamos a tener siete hijos magníficosy voy a llamar a cada uno de ellos Alejandro-.

-Eso va a ser muy confuso!- Hefestión dijo Alexander.

-Muy bien. Me limitaré a llamar al más jóvenes Alejandro. Sin embargo, él será mi favorito- agregó en voz baja Hefestión.

-Eres tonto-, dijo, agarrándose a Hefestión alrededor de la cintura y tirando de él.

-Ya lo sé- dijo Hefestión, mirando a los ojos de Alexander con un brillo especial en sus ojos.-Pero funciona, ¿no?-

Alexander sonrió y se apretó con fuerza contra Hefestión al lado de un pino verde, los brazos de Hefestión se quedaron un poco elevados ya que no había lugar para ellos agarrado de esa forma tan feroz por Alexander.

Alexander dio un beso rápido Hefestión. -Vamos a pedir la cama al agricultor?- -preguntó, con voz ronca. Su mente y el corazón estaban agitados.

Hefestión arrugó la nariz.-No podemos, Alexander. Si no salimos pronto, se oscurece pronto y estarán buscandote. No tienes una escolta-.

Alexander exhaló un suspiro de impaciencia. -Esta noche?-. -preguntó con esperanza.

-Sí- dijo Hefestión , y sonrió con tanta rapidez que se formaron hoyuelos en sus mejillas.

Alexander se dejaría morir por esos hoyuelos. Lanzóotro suspiro impaciente y para mantener su control sobre Hefestión, se apoderó de su mano y caminó con él de vuelta por la pista de pinos de la granja, de sus caballos y del ejército de Filipo.

LOGANAMOUR

 
Deja un comentario

Publicado por en 01/06/2011 en Sin categoría

 

Etiquetas:

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s