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COSTUMBRES DE LA GRECIA ANTIGUA

23 mar

En la Grecia antigua, una homosexualidad moderada era una alternativa sexual aceptable a las esposas y las prostitutas. Era una costumbre, no una perversión, y Heródoto dijo abiertamente que los persas la habían aprendido de los griegos, del mismo modo que los emigrantes ingleses la pusieron de moda entre la elegante sociedad australiana. El deseo homosexual extremo y promiscuo, así como la prostitución masculina, eran tan absurdos o aborrecibles como a menudo parecen serlo en nuestros días, pero entre dos jóvenes, o un joven y un adulto, estas relaciones no resultaban algo extraño; la homosexualidad, como había escrito Jenofonte recientemente, también formaba parte de la educación, en la que un hombre joven aprendía de un amante mayor. Estas relaciones amorosas podían costar caras, pero si era posible idealizarlas, no eran censurables en absoluto.

La relación masculina más intensa de Alejandro fue con Hefestión, una relación que se presentaba según el modelo de la que en Homero mantenían Aquiles y Patroclo: hacia 350 antes de Cristo, ésta se entendía como una relación de tipo sexual, aunque los poemas de Homero no lo dicen claramente. En fuentes posteriores, Alejandro y Hefestión son descritos de manera explícita como “amante” y “amado”, y sus contemporáneos daban este hecho por seguro. El sexo habría formado parte de su relación, aunque no sabemos exactamente quién hizo qué a quién. Tampoco sabemos (…) hasta dónde llegaba Alejandro en sus relaciones. Esto no le impidió tener primero una amante y después una esposa: quizá, como sucedía en el caso de muchos otros griegos jóvenes, se trataba de un affaire de la niñez, pero se apoyaba en un amor real que era mucho más fuerte y profundo que el mero sexo casual. Más tarde, Alejandro planeó los matrimonios de sus oficiales de manera que sus propios hijos se convirtiesen en primos hermanos de los de Hefestión. Cuando Hefestión murió, la pena que sintió fue inmensa y las conmemoraciones que planeó, sorprendentemente extravagantes, incluyendo la promoción de un culto de carácter heroico a Hefestión. Éste llegó a dirigir la caballería de Alejandro del modo más hábil y a servirlo como su “segundo en el mando”, como se veía al quiliarca. Excavaciones recientes realizadas en Macedonia afirman haber descubierto un busto esculpi-do de Hefestión: su aspecto es convenientemente distinguido, un amante adecuado en el asunto amoroso que se consideraba el más extravagante de la antigüedad hasta que lo superó la pasión del emperador Adriano por el joven Antínoo, unos cuatrocientos años más tarde. A los treinta años, Alejandro todavía era el amante de Hefestión, aunque hacia esa edad normalmente la mayoría de los griegos más jóvenes ya habían dejado a un lado esa costumbre y un hombre mayor habría renunciado o se habría decantado por otros chicos más jóvenes. La relación de Alejandro y Hefestión era sólida; Hefestión acabaría dirigiendo la caballería de Alejandro con mucha habilidad y convirtiéndose en su visir antes de morir como un héroe divino y de merecer un culto póstumo.

 

EL PAIS

 
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Publicado por en 03/23/2012 en Literatura Histórica

 

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